domingo, 26 de octubre de 2014

Las pequeñas cosas son las que de verdad marcan la diferencia, o es que, nunca te has parado un momento en seco y has mirado a una persona a los ojos y has intentado mirar dentro, por si acaso encuentras un poquito de lo que está pensando?

Hace muchísimo que no escribo, pero, pararse a pensar un momento nunca está de más. Pensar en querer, en desear, en llegar a hacer cualquier locura por una misma causa. 

Estar dispuesto a ser el lobo que nunca deja de intentar, estar dispuesto a ser ese pirata que deja a quien quiere en puerto para después regalarle la concha más blanca del océano. Estar dispuesto a esperar, como lo hacía la esposa de quien salía a trabajar y volvía a casa el domingo a medianoche con la sonrisa más grande que le podía ofrecer; después de trabajar día y noche para llevarles un tarrito de mermelada de frambuesas, que compró para el desayuno del lunes siguiente en la tienda más cara de aquel pueblecito en medio del monte.

Nos hemos olvidado de apreciar de verdad las pequeñas cosas, las miradas cómplices, las viciosas e incluso las curiosas. Nos hemos olvidado de ver cuando miramos, de escuchar cuando oímos y de hacer el amor cuando follamos. Hemos cambiado decirle te quiero a la persona con la que estamos cuando nos da la gana, por decírselo sólo por corresponder al otro.

No deberíamos tener miedo a decir te quiero si de verdad lo sentimos, no deberíamos tener miedo a que no nos respondan o veamos en sus ojos que de verdad nos dice te quiero pero no lo siente. 
A lo que de verdad deberíamos tener miedo es a no amar, a no querer con todo tu cuerpo y alma. A no valorar que una persona te mire y te sonría. Porque mucha gente te mira, muchísima gente te mira; pero quien de verdad ve lo que hay dentro es a quién tu quieres dejarle que entre en tus ojos.

Cada vez que me miras a los ojos tengo miedo de que sepas que estoy perdidamente enamorada, por eso vuelvo la cabeza. He dejado que entres en mis ojos tantas veces que ya no sé si tú sabes más de mi que yo. Te juro que cada vez tengo menos fuerza de voluntad a la hora de dejar de mirarte. 
Eres tan estúpidamente especial que confío en ti desde que te conocí, ni sé porque ni quiero saberlo. Eres tan estúpidamente irresistible que no puedo dejar de pensar en ti ni un solo segundo del día, y eres tan estúpidamente dulce que no puedo separarme de ti, hasta que te vas.
Y te vas.
Y te echo de menos.
Y te quiero.

Te das cuenta de que cuando una persona te mira a los ojos de verdad y sonríe, es imposible no hacerlo tú también. Te das cuenta de que él no te mira como te miran los demás por la calle, él te mira y tienes esa puta necesidad de hacerle reír, porque esa risa te vuelve completamente loca

No hay comentarios:

Publicar un comentario